Cómo influye el tipo de mercancía en el layout de un almacén

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Jaime Mira Galiana

Economista, Experto y Consultor en Logística Ex- Director Técnico de la Fundación Icil y profesor del Máster Director General y de Logística de empresas de Logística y operadores logísticos

12 minutos

En primer lugar, es importante conocer el significado de “layout”. Este anglicismo, aplicado al almacén, hace referencia a la disposición, distribución y diseño del espacio de un almacén. Cuando se realiza este proceso, se deben tener en cuenta numerosos factores con el objetivo principal de maximizar el aprovechamiento del espacio y la optimización de los procesos logísticos dentro del almacén. 

Este ejercicio está influido por numerosos condicionantes que marcan la disposición final del almacén como pueden ser aspectos arquitectónicos o el tipo de mercancía. Este último factor es el que vamos a tratar más en profundidad en este artículo. 

La realidad del sector es que no existe un estándar que establezca cómo debe ser el almacén, qué estanterías emplear o el modelo de carretillas con el que trabajar. Es por ello por lo que será el tipo de producto el que tenga mucho peso en la elección de estos aspectos y viceversa. Sin embargo, dentro del tipo de mercancía, hay que hacer una distinción clave entre dos vertientes: el tipo o naturaleza del producto y el packaging. 

Tipo (naturaleza) del producto

La naturaleza de un producto es un factor clave implicado en el layout de un almacén. Dependiendo del producto, sus características y necesidades pueden ser muy diferentes, desde la temperatura ambiental requerida o la luz hasta su peso, formato, packaging o manipulación. 

Por ejemplo, en el caso de productos alimenticios la influencia del tipo de producto en el layout se ve muy claramente. Si tomamos un almacén de una cadena de supermercados, donde se guardan productos muy diferentes entre sí, aplicar la “zonificación” se presenta como una obligación. Este concepto hace referencia a la división del almacén en diferentes zonas donde existen unas condiciones que pueden ser muy desiguales. Productos lácteos como los yogures, por ejemplo, requieren un ambiente muy dispar en comparación a otros alimentos como el chocolate. 

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En este sentido, el tipo de producto también afecta a la disposición de un almacén teniendo en cuenta los procesos llevados a cabo diariamente. En el caso de los neumáticos, por ejemplo, la manipulación se realiza en gran medida de forma manual y el packaging suele ser inexistente. Estas características especiales condicionan su almacenaje y, en consecuencia, el layout debido a las necesidades determinadas de luz o temperatura, entre otras, requeridas por este tipo de producto. 

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Por lo tanto, se observa que en función del producto, la disposición de un almacén puede ser muy diferente. Este factor está íntimamente ligado al packaging, que vamos a ver a continuación. 

Packaging

El packaging es una palabra que proviene del inglés y que, en su significado más simple, hace referencia al envase y embalaje de un producto. Hoy sabemos que el packaging, en su definición más amplia, también es un canal de comunicación de la marca

Pero, atendiendo a su parte más primigenia, vamos a hablar de packaging como el envase y embalaje de un producto y su influencia en el layout del almacén. 

Sigamos una sucesión lógica. Cuando se realiza el briefing de producto, es decir, cuando éste nace, se establecen sus características físicas (peso, medidas, forma, diseño…). Estas cualidades condicionarán el número de productos que podrán entrar en una caja, el peso de la misma o su posibilidad de manipulación y ergonomía atendiendo a los estándares de seguridad marcados por la OIT (Organización Internacional del Trabajo). 

Teniendo en cuenta estas premisas, el diseño de un producto definirá un envase que determinará a su vez un tipo de embalaje condicionando, entre otros factores, la altura de las estanterías, la dimensión de los pasillos, el tipo de carretillas o el modelo de palet empleado y, por lo tanto, la disposición final del almacén.

En muchas ocasiones, las propias carretillas presentan unas horquillas adaptadas a los modelos de palet más empleados para anticipar posibles cambios y se colocan bastidores en las estanterías para adaptarlas a cambios de palet en el caso de que el tipo de producto y/o su packaging así lo requieran. 

Sin embargo, no podemos simplificar y decir que solo el packaging influye en el layout, sino que inversamente ocurre lo mismo, al igual que ocurre con los elementos de manutención (carretillas, estanterías…). Por ejemplo, el estándar de palet utilizado (el europeo o EUR / EPAL y el americano o ISO son los más empleados) es un motivo a tener en consideración en el momento de diseñar un producto buscando la optimización de las capas de los palets y, por tanto, la rentabilidad y seguridad del almacenamiento y transporte de la mercancía. 

manipulación de mercancías

La conclusión a la que nos lleva este recorrido es que el tipo de packaging empleado afecta profundamente a los elementos presentes en un almacén y, lógicamente, al layout del mismo. Pero hemos querido hacer hincapié en que al contrario, este condicionamiento también ocurre. 

En un almacén con una distribución bien definida, unos procesos bien engranados, donde ya se usan una maquinaria y unos elementos físicos determinados, el diseño del packaging de un nuevo producto debe estar sujeto a estas premisas para no incurrir en problemas que afecten al trabajo en el almacén y a todos los eslabones de la cadena logística y desemboquen, finalmente, en graves costes no solo económicos sino también, en casos extremos, de incapacidad del almacén para gestionar ese nuevo producto o la necesidad de cambiar elementos y procesos, con todo lo que eso supone.

Por lo tanto, a modo de conclusión, debemos tener muy claro que este proceso condicionante es un proceso bidireccional. Como se ha visto, el tipo de producto y su packaging influyen en el layout y el layout, a su vez, influye en el diseño del propio producto y de su packaging. Una de las claves para que esta relación indivisible funcione correctamente es tener una comunicación clara y concisa entre los departamentos implicados, evitando, en la medida de lo posible, vacíos de información que supongan problemas y costes de diversa índole.

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